LA RECOLECCION DE FRUTOS SILVESTRES EN LA REGION DEL BIO BIO.

"La recolección la ha hecho históricamente el campesino y el indígena, es ancestral, cuenta Panchita Rodriguez . Siempre las mujeres y los hombres del campo hemos sacado de la naturaleza lo que requeríamos para subsistir, para mejorar nuestra dieta alimentaria, para dar forraje a nuestros animales, para construir la casa, para utilizarla en artesanía... Esa es la recolección de frutos que identifica a la gente por lo que hace, de lo que vive e incluso identifica las localidades y se expresa en fiestas locales".
"Es un cuento antiguo, explica la Nenita , así "se paraba el hambre" en aquellos tiempos. No había nada para comer pero se recolectaban frutos silvestres, era una tarea dura pero había que hacerlo".
Actualmente la recolección está a cargo principalmente de mujeres, pero también participan los hombres cuando no tienen otro trabajo y los niños en sus períodos de vacaciones o en los momentos culmines de la recolección.
Mideplan afirma que "Este es el grupo más pobre de los existentes en las 16 áreas de pobreza. El 66% de los hogares está en situación de indigencia, y el 22% de pobreza (muy cercana a la línea de indigencia)." .
Los recolectores deciden comenzar a trabajar por su propia necesidad, sin que nadie se los exija y lo hacen según sus posibilidades y la voluntad de cada uno. Así como también organizan su actividad de acuerdo a lo que más les conviene. (Por ejemplo, las horas dedicadas a la recolección, el momento del día en que recolectan, los volúmenes recolectados, etc.) Pero al mismo tiempo, ellos tienen que asumir por su cuenta, tanto los riesgos que requiere el trabajo como sus logros.
El hecho de no tener un patrón que lo dirija y que controle sus pasos es muy importante en la identidad del recolector, porque lo incentiva a utilizar el conocimiento que ha venido acumulando, a organizar libremente su trabajo, a hacerse cargo de sus responsabilidades y buscar apoyo o asociarse con otros, cuando ve que esto le conviene. Quizás eso explica que en muchos casos, ellos desarrollen una capacidad creativa y un conocimiento de su realidad que los hace diferentes del resto de los trabajadores. Por otra parte, estas condiciones lo dejan en una situación de desprotección total, en medio de una sociedad que no lo toma en cuenta, ni tampoco se hace cargo de las necesidades básicas de las personas. Tampoco sabemos si es por tratarse de una tradición o debido a sus características o a la informalidad en que se realiza, que la recolección muchas veces no es reconocida como un trabajo por las mismas personas que la practican.

La relación con el mundo de los recolectores nos ha mostrado que en él las cosas se dan al revés, como si el mundo estuviera "patas arriba" . Porque siendo los recolectores los que obtienen los frutos: la mosqueta, los hongos, las moras... que son la materia prima para los compradores, se mantienen invisibles y nadie habla de ellos. En cambio los empresarios que compran y procesan los frutos silvestres aparecen como los grandes protagonistas de un proceso que nace en este mundo globalizado en que vivimos, donde la industria alimentaria, farmacéutica y cosmética de otros continentes llega hasta nuestro país atraída por la calidad y el bajo costo de los frutos que acá se recogen. La agroindustria local compra los productos a los recolectores, se encarga del procesamiento que éstos requieren para ser llevados al exterior y allí los vende. Los empresarios dicen que para ellos es indispensable vender productos de muy buena calidad, en grandes cantidades y que además, deben tener la seguridad de que los recibirán en el tiempo fijado de antemano.
Como la mayoría de las actividades comerciales realizadas en el sistema neoliberal actual, la compra y la venta de los productos recolectados se da en una situación de inestabilidad y desregularización total. Las empresas internacionales y las nacionales compran sin establecer ningún tipo de compromiso que se extienda más allá de cada temporada, tanto en lo que respecta al volumen como al precio de los frutos. Y como para este último tampoco hay normas y los recolectores carecen de información que provenga de la agroindustria, se ven obligados a aceptar los precios fijados por los intermediarios, sin siquiera cuestionar si éstos son justos o no.
El aislamiento geográfico en que viven los recolectores, porque no cuentan con buenos caminos, ni medios económicos, ni tienen como comunicarse, ni tampoco movilizarse... se ve agravado por su desorganización. Todo esto los deja en una situación de extrema debilidad que favorece la actividad de los intermediarios, quienes aprovechándose de la situación crearon la fuente de trabajo que necesitaban. Ellos les compran los productos a los recolectores, luego se los venden a las empresas y en la diferencia de precio se hacen un buen sueldo, a costa de los que recogen los frutos. En muchas ocasiones, el intermediario, además, dispone de un medio de transporte que utiliza para trasladar a los recolectores a lugares donde abundan los frutos y por este servicio les cobra $100, que se descuentan de los $500 que recibieron por la caja de 10 kilos. Eso es lo que ocurre en el caso de la venta de hongos en el sector de San José de Colico (Curanilahue).
Los intermediarios son los que realizan su trabajo más libremente porque nadie controla sus ganancias, ni la exactitud con que le pagan a los recolectores, ni el respeto con que responden a sus compromisos. Por ejemplo, cuando no pasan a buscar los productos recolectados en las fechas previamente acordadas, sabiendo que la mayoría de éstos son altamente perecibles. En muchos casos los intermediarios traen balanzas "arregladas" que distorsionan el volumen y establecen un trato que es humillante para los campesinos.
Para el recolector la intermediación tiene un costo muy alto porque a veces le significa perder un cien por ciento de sus ganancias. Además, lo mantiene en una inestabilidad permanente porque nunca sabe con seguridad si el intermediario va a venir a buscar los productos, ni cuándo lo hará.

En resumen, las condiciones en que se realiza la recolección hacen que ella sea asumida por los recolectores sólo cuando no tienen una alternativa de trabajo mejor, más estable y bien pagada. Pero la falta de trabajo imperante hace que los recolectores sean cada vez más numerosos y como en su mayor parte no están organizados, se ven especialmente dañados pues la agroindustria fija las condiciones de compra de acuerdo a sus intereses y el intermediario reproduce la operación.
Después de trabajar con distintos grupos de recolectores apoyando la consolidación de sus organizaciones, incentivando su coordinación e intercambio, de ir abriendo una relación con las empresas agroindustriales para que los recolectores se relacionen directamente con ellas y al conocer la forma de trabajo de algunos intermediarios, concluimos que es indispensable romper con la invisibilización con que ha estado encubierto el proceso de recolección, porque perjudica gravemente a los miles de recolectores que hacen de ésta su fuente de trabajo.
Consideramos que los recolectores también necesitan apoyo técnico que contribuya a profesionalizar su oficio, tanto desde el punto de vista de su eficiencia como de la preservación de ese medio ambiente que les ofrece sus frutos.
En segundo lugar se hace cada vez más urgente la realización de un estudio (al menos regional) que permita conocer exactamente cuántos son los recolectores, dónde se ubican, cuántas horas trabajan, cómo comercializan sus productos, qué porcentaje de la fuerza de trabajo representan, etc. Esta información permitirá diseñar políticas, reivindicar derechos, obtener beneficios que mejoren las condiciones de trabajo y de vida tanto para ellos como para sus familias.
En tercer lugar, estimamos necesario que los medios de comunicación den a conocer la recolección como oficio, la vida de los recolectores, el proceso que experimentan los frutos desde que nacen en la naturaleza hasta que se transforman en alimentos, medicamentos, productos cosméticos, dentro y fuera del país.

En cuarto lugar, consideramos importante relacionarnos con otras redes de recolectores que, al igual que en Chile, recogen los frutos de la naturaleza en diversos lugares de nuestro continente latinoamericano. Con ellas podremos intercambiar conocimientos y experiencias que nos refuercen y nos ayuden a mejorar nuestras condiciones de vida.
Por último quisiéramos invitarlos a descubrir este mundo misterioso de los recolectores que existe desde hace ya muchas generaciones, se mantiene vivo en el tiempo como tradición y hoy día toma nuevas formas, producto de la globalización. Pero creemos que junto con conocer esta realidad es necesario comprometerse con ella, a fin de lograr que los recolectores sean conocidos y reconocidos y puedan recuperar la dignidad que les han hecho perder sus condiciones de vida, de trabajo y de comercialización.

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