Programa desarrollado con Recolectoras de Frutos Silvestres.

2000 - 2005...


En el mes de Abril del año 2000, comenzamos a trabajar con recolectoras y recolectores de Frutos Silvestres en la Octava Región del Bío Bío. Los antecedentes que existían acerca de esa realidad eran escasos y éramos los primeros que iniciábamos una tarea sistemática en el área.

El trabajo desarrollado por el TAC con las recolectoras y recolectores durante estos cuatro años, nos puso ante un desafío que hemos ido enfrentando día a día. Para ello nos apoyamos primeramente en el conocimiento acumulado por las mismas recolectoras y luego, en el de todos los actores que de diferentes maneras se han involucrado con la problemática de la recolección. Es así como en forma dialéctica hemos ido articulando el conocimiento de unos y otros y a partir de éste, hemos ido construyendo un Saber que nos orienta y nos ayuda a abrir un camino donde todos encuentren su lugar.

Nuestro objetivo principal es lograr que la recolección sea un trabajo digno para todos aquellos que viven de él. Esto implica que se constituya en un oficio que efectivamente dignifique y mejore la calidad de vida de sus protagonistas, que les permita ser reconocidos socialmente y ser incorporados en el sistema productivo de nuestro país y por último, que los estimule a asumir el cuidado del medioambiente, aportando al mismo tiempo a la soberanía alimentaria.

Buscando dar respuesta a necesidades tan diversas, optamos por sustentar nuestro trabajo sobre tres ejes, cada uno de los cuales desencadena un proceso que se va retroalimentando en los otros.

v El primero de ellos tiene como centro los Comités y la Coordinadora de Recolectoras, organizaciones que a nuestro parecer constituyen la herramienta más básica. Ambos representan el espacio donde las recolectoras y recolectores realizan su trabajo, descubren y desarrollan su identidad, crean un sistema de funcionamiento operativo que da vida a una pequeña comunidad dinámica, que se constituye a la vez en la “escuela” donde ellas aprenden y construyen su saber. El conjunto de los Comités forma la Coordinadora Regional de Recolectores que opera como un órgano de conducción y de dirección en la comercialización, representación y otros. Es decir donde las recolectoras y recolectores actúan en forma corporativa.

v El segundo eje es la red de trabajadoras en empleo precario, donde las recolectoras comparten al mismo tiempo su situación de género y sus condiciones de explotación. Esta interacción permitirá que las mujeres se esclarezcan y tomen conciencia de sus valores, de sus derechos como mujeres y como trabajadoras, para que los defiendan al interior de sus familias, en sus lugares de trabajo y también en la sociedad. Es así como han iniciado un proceso que las llevará a materializar sus sueños, a construir nuevas condiciones de vida que respondan a sus necesidades de mujeres y de trabajadoras.

v El tercer eje lo constituye el circuito productivo de la recolección conformado por diversos actores que están involucrados en ella. Desde él, las recolectoras y recolectores van creando las condiciones que harán de la recolección un trabajo digno que constituya una fuente laboral, estable, autónoma, que pueda ser reproducido por los miles de recolectoras y recolectores que hoy día sobreviven de lo que esta les da, de manera humillante. Este proceso constituye un gran desafío porque abre el espacio para el encuentro de los diversos actores y de sus distintos saberes y quehaceres. A partir de la recolección y en función de ella, en forma dialéctica, se pueden ir construyendo nuevos conocimientos que tengan en cuenta las distintas dimensiones de la vida, las del académico que investiga la realidad, las del agricultor que trabaja la tierra y las del empresario que maneja el bosque donde se recolectan los frutos; las del productor que procesa y vende los frutos, las del consumidor que los compra y los saborea y las de quienes buscan consolidar las redes del Comercio Justo, las del profesor y las del estudiante, las de la mujer y las del hombre. Cada uno desde su experiencia aportará dimensiones diferentes que mejoraran las condiciones de trabajo de las recolectoras y recolectores.

 

En síntesis, nos proponemos que de la interacción de estos tres procesos emerjan sujetos sociales capaces de darle el carácter de trabajo digno que debe tener la recolección. Mujeres conscientes de su identidad, que defiendan sus derechos y se constituyan en un referente en sus comunidades. Trabajadoras organizadas que denuncien sus condiciones de explotación, que propongan alternativas y logren mejoramientos concretos en su situación laboral, previsional y en su calidad de vida. Espacios de trabajo donde los diversos actores puedan interactuar y construir prácticas laborales eficientes que generen cambios medibles dentro del movimiento social y en el circuito productivo de la recolección.

Teniendo presente que en Chile,
- existen alrededor de 220.000 personas trabajando como recolectoras y recolectores,
- hay 15.6 millones de hectáreas de bosques ( 20.7%) que ofrecen un campo de trabajo que podría ser privilegiado para un gran número de campesinos que no cuentan con otras fuentes laborales,
- la exportación de frutos silvestres (PFNM ) hoy día genera un ingreso de U$ 35 millones anuales.



Taller de Acción Cultural
Santiago, Abril 2005