DECIMA MUESTRA CAMPESINA DE YUMBEL

El miércoles 10 de Abril se respiraba un clima de expectación y alegría en el recinto. Más de 100 expositores trabajaban arduamente en el montaje de sus stands, cada uno traía el fruto de las cosechas que había cultivado cuidadosamente durante el año, preparándose para esta ocasión.



Todo el pueblo estaba pendiente. Y no era para menos con un programa tan atrayente como el que tenían por delante. Porque, además de los productos en exposición, había muchas otras actividades: charlas acerca de la Producción Caprina, Conservación de Suelos, Riego campesino, Exhibición y degustación de vinos, incluyendo el Tercer Encuentro de Cuidadoras de la Biodiversidad, con la participación de cuidadores de semillas de la VII a la X región. A todo esto se agregaba una diversidad de Concursos que daban lugar para que todo el mundo participara: gastronomía, bailes, tradiciones, juegos... Para los niños se había diseñado un programa que les ayudara a conocer y comprender mejor el sentido de lo que allí iba a suceder. Y al igual que en toda actividad campesina, estaba previsto que los días terminaran con una fiesta donde hubiera cantos, bailes y todo tipo de "entretenciones para el apetito".

Después de vivir la experiencia del primero al último día, pensamos que la llamada Muestra Campesina, fue a la vez una muestra viva de nuestra cultura, porque estar en ella fue como zambullirse en lo más puro de la vida de los campesinos. El lugar era como estar en una burbuja (sin la contaminación de este mundo globalizado) donde uno entraba por un pasaje cercado de stands por los dos lados y era acogido por estos "campesinos - dueños de casa" que nos recibían con toda su dignidad, su alegría y el orgullo de ofrecernos sus valiosos productos.

El colorido y la belleza de estos últimos se veía realzado por el cuidado que cada grupo había puesto pora adornar su stand. Había botellas con licores de todos los colores, plantas de copihues y árboles nativos que exhalaban toda su fragancia, calabazas que con sus formas mágicas parecían hablarnos, mermeladas que brillaban reflejadas por sol, turrón de arrope y dulcecitos traídos por la señora Elba desde Rere... Más allá se olían las avellanas tostaditas, la harina y el aceite para remedio.

Los productos de las abejas abundaban en toda su variedad: la cera en grandes bloques, la miel pura o mezclada con polen, con propóleos o transformada en jabón, en crema para la cara o en pastillas medicinales... La señora Corito atendía sonriente a cada visitante, ofreciéndole su "chicha con harina tostada", su azafrán, sus lentejas del año... Las recolectoras ofrecían sus callampas y "la novedad del año": sus verduras y frutas deshidratadas. Además de las frazadas, calcetas y gorros que traían desde Los Corrales... ¡Y así, podríamos estar enumerando largamente todo lo que había en la Muestra!.

Pero todo no terminaba allí pues el pasaje comunicaba con una explanada donde había un espacio grande poblado de mesas rodeadas por una infinidad de cocinerías que atendían a los visitantes: "Las cuñás", "Las Hermanitas Medel" "El Farolito", el infaltable "Rincón Campesino", etc.

Al otro lado estaban los animales: las cabras, el jabalí, los carneros, los patos... y frente a ellos los stands de las instituciones: el CET gran creador de este verdadero Acto Cultural junto con el Municipio, el TAC con los libros cosechados durante su larga historia, PROTERRA y su maquinaria agrícola, el Departamento de Salud municipal, que pesaba, medía y tomaba la presión. Al otro lado estaba situada la carpa blanca que oficiaba como Sala de Conferencias y al fondo el gran escenario que cobijó a los innumerables artistas que vinieron de los pueblos y regiones vecinas, acompañando a los lugareños. Todo estuvo previamente contemplado: el trabajo, el conocimiento, la comida, la fiesta... Y todos pusieron su inteligencia, su creatividad y su amor al servicio de la Muestra, por eso resultó tan exitosa.

El encuentro de los campesinos con sus stands hermosamente construidos, fue el inicio de un proceso de reafirmación de la identidad que continuó profundizándose con el reencuentro entre compañeros, amigos, vecinos, con su participación en las charlas que les interesaba escuchar, en los Concursos donde les gustaba competir. Cuando fueron a comer y los esperaban sus platos favoritos, cuando llegó el grupo folklórico de la Universidad de Concepción, los bailes, los payadores y cantores conocidos y les tocaron la música con que ellos se identifican. Era tal el entusiasmo que uno veía en las personas, que daba la impresión de estar reviviendo la antigua comunidad que la mayoría guardamos en nuestra memoria. Era como si el ambiente nos llamara a apropiarnos de esa identidad que llevamos dentro y a veces no nos damos ni cuenta.

El Encuentro de las Cuidadoras de Semillas fue como un Encuentro con la Tierra, con la Naturaleza, con la Raza, porque igual habían mujeres mapuches que huincas. Con la sencillez profunda que caracteriza al campesino, las cuidadoras fueron poniendo sus semillas, patillas y plantitas sobre un mesón largo y luego las fueron presentando: de dónde venían, cómo se cuidaban, qué propiedades tenían... Una vez terminadas las presentaciones pasamos al intercambio que se hizo tranquila y generosamente y al final salimos a vivir la aventura de cultivar nuestras nuevas semillas.

Los expositores volvieron a sus casas dignificados y con la certeza de no haber trabajado en vano. Sus productos fueron valorados por el público que los elogió y los compró con mucho entusiasmo. Las cocineras volvieron agotadas, pero con el corazón contento por habernos dado a conocer sus comidas y bebidas tradicionales, las que constituyeron "el manjar" saboreado por los visitantes. Los artistas también partieron conmovidos al sentir la acogida y la identificación que establecieron con el público, que permaneció atento a pesar del frío y la lluvia.

La organización de la Muestra, dejó ver que el protagonista principal eran los campesinos y la cultura de la cual somos portadores. En ella, todos nos vimos reflejados, aún los que no somos campesinos. Esto se expresó claramente cuando emergieron tantos gustos comunes, por ejemplo cuando todos compramos las provisiones traídas del campo para preparar los mismos platos, cuando las cocinerías tampoco daban abasto para atender la demanda de platos tradicionales... Ahí nos dimos cuenta que participábamos de una misma cultura.

Quizás eso explica que las visitas llegaran de distintos lugares, Concepción, Los Angeles, Chillán, Laja, Cabrero, Temuco, Santiago... todos veníamos esperanzados y volvimos contentos, reconfortados, con la sensación de ser partícipes de una comunidad, de compartir una identidad que nos une, más allá de todas nuestras diferencias.

Santiago, 19 de Abril del 2002


 

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